
Por Iñaki Gil de San Vicente
«Estamos ante un imaginario mundo de gloria que nunca existió dado que, como señalábamos más arriba, el imperio fundado por Carlos V fue siempre un heterogéneo conjunto de territorios heredados por una familia, tampoco existía un reino de España (la Península estaba en la periferia del subcontinente y del propio imperio) sino un conjunto de ellos y ni siquiera hubo proyecto deliberado alguno de conquista en Europa para ponerla bajo el dominio de un solo emperador católico; al contrario, el imperio, que no era sino una vasta empresa multinacional encabezada por comerciantes italianos, banqueros alemanes e intermediarios varios, no se amplió jamás, porque de hecho sus ejércitos se limitaron a proteger esa herencia desproporcionada con guerras defensivas. Carlos V pasó la mayor parte de su vida fuera de la península Ibérica, se veía a sí mismo como un extranjero en ella y muy raramente se expresaba en castellano (más allá de chascarrillos pseudohistóricos inventados, atribuidos igualmente a otros personajes)»
Manuel Rodríguez Illana. Mensajes de Nueva Planta. Hojas Monfíes. Granada 2023, p. 218.
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